Galletas marbú dorada, pan, chorizo ahumado. Diez de la mañana de un sábado tranquilo. Un deseo arrollador, arrastrado de forma inconsciente durante semanas, me impulsa a levantarme, ponerme cualquier cosa y bajar a la calle para comprar, en el súper de enfrente, galletas. Antes de salir, abro la despensa y compruebo que aún tengo dormitando al fondo un bote de Nescafé comprado en otro arranque de antojo Dios sabe cuándo. Me vale. En un pispás estoy de vuelta en mi cocina, llenando de leche la primera taza que pillo —una de Pokemon—. Por un momento, me planteo usar leche de soja — la que últimamente tomo porque me sienta mejor—, pero descarto la idea porque no concilia con mis recuerdos, que es de lo que va todo esto, aunque yo aún no me haya dado cuenta. Introduzco la taza un minuto en el microondas, le echo dos cucharillas pequeñas del sucedáneo de café y remuevo satisfecha con el color resultante, porque es exactamente el que se corresponde con el sabor que quiero. Me siento a l...
Mandarinas, plátanos, martinete, pimientos, tomates, puerros, calabacines, ajo, aguacates, coliflor. La vida pasa lentamente, sin tiempo. El Gergal y la inseguridad. Chirría. Maratón. Sin lugar a un respiro, cambio el sombrero de profesora de conducir al de practicante de yoga, trabajadora, madre, hija, pareja, amiga, bella durmiente y, a veces, cenicienta. La gorra de corredora se queda guardada por unos días. Esta semana es para descansar y ver pasar la vida lentamente, sin tiempo. Comimos en casa de Nino y Gloria. Seis a la mesa, el número perfecto para conjurar fantasmas y demonios. Me gusta rodearme de gente relacionada con el arte, ya sea desde el punto de vista creador, ejecutor o, sencillamente, observador. No me canso de escuchar el camino que lleva a un artista a expresarse, la necesidad que lo impulsa a hacerlo y la sensación final de alivio, satisfacción y contento una vez que se ha conseguido el resultado. Escucho y comparto mi propia experiencia, mi pulsión po...