Ir al contenido principal

DIARIO 26/12/2022 ENTREVISTA

 

26/12/2022

 

Me voy a la playa con mi hija mayor. Dejo en casa a la mitad de la familia y la nevera con las sobras de las fiestas. No hay problemas, saben resolverse la vida solos, por lo que puedo irme sin sentirme del todo mal. Una no se quita de encima la mochila de la responsabilidad de alimentarlos, que lleva asumiendo desde hace veinte años así como así. En un rincón de mi cabeza queda anotado que volveré el miércoles a la hora del almuerzo. ¿Qué comeremos? Hoy por hoy, no lo sé. Hoy por hoy, tampoco me importa. A unas malas, bocadillos.

Hace casi un mes que no escribo. No he podido. Por falta de tiempo. Por falta de ganas. Por encontrarme con un escollo que resolver. ¿Lo he resuelto? No.

Llego temprano y la espero sentada en un mullido sillón del hall de un hotel, con el cuaderno abierto y una tanda de preguntas que, por lo que me han dicho, no me van a servir de nada. Cada vez que me alcanza una corriente de aire frío, levanto la cabeza y dirijo la mirada hacia las puertas automáticas del hotel. Hasta que aparece.

Me encuentra tras de un barrido, concienzudo y ausente al mismo tiempo, que no le lleva más de dos segundos y se dirige hacia mí con decisión. Camisa de franela a cuadros roja medio remetida en unos vaqueros azul marino que dejan ver sus tobillos. Que no ha dedicado mucho tiempo a arreglarse, lo dice el modelo elegido y el moño bajo descuidado en que ha recogido su pelo. Que ha tratado de que no lo parezca, lo indica la elección del calzado, zapatos negros de salón con un tacón más que mediano, y los labios pintados de rojo. Sonríe y manifiesta sorpresa al encontrarme allí. «Yo siempre llego la primera», dice y, pasados por altos los saludos protocolarios de besos o apretones de manos, se sienta frente a mí y me increpa un «¿Y tú que es lo que quieres?».

 Lo que yo quiero es entrevistarla.

No entiendo qué interés puede tener entrevistarme. ¿Quién soy yo?, ¿a quién puede resultarle interesante cualquier cosa que salga de mi boca? No sé por qué he aceptado la propuesta, pero como me parezca una estupidez, me levanto y me voy. Chorradas no aguanto.  

Nos miramos. ¿Al grano?

 Al grano.

Has dejado de escribir durante casi un mes.

Así es.

¿Por qué?

Podría responder con una sola frase de moledora, pero implicaría a otras personas. Podemos dejarlo en que he entrado en una profunda crisis de Fe.

¿En la escritura?

¡No, por todos los santos! No tengo fe en las editoriales, ni en una posible publicación de mis obras, ni en mi constancia, ni en Dios, pero en la escritura siempre tendré Fe. Mi crisis está más relacionada con el derrumbamiento de la base sobre la que había construido la obra en la que actualmente trabajo.

El diario literario. ¿Puedo preguntar en qué consiste esa debacle?

Y te contestaré con mucho gusto. El proyecto consiste —o consistía— en mostrar el proceso de madurez y menopausia de una mujer cualquiera, yo misma, porque creo que se desconoce y que, siendo algo que nos sucede al cien por cien de las mujeres, puede resultar interesante a la sociedad contar con un retrato fiel del mismo. El problema es —y entiendo que ante este momento se enfrenta cualquier diarista— que una no estoy sola en este mundo y que, aunque intento que la vida de las personas que me rodean no se vea afectada por mi exhibicionismo literario, ha llegado un momento en que resulta complicado obviar lo de alrededor, pero tratarlo es desnudar a otros. E incluso, no desnudando a nadie más que a mí misma, mi propio desnudo puede resultar doloroso a los demás.

Y no sabes cómo seguir…

Lo has pillado. Por una parte, creo que para que la obra cumpla el objetivo marcado y sea de utilidad para mis posibles lectores, tengo que contarlo. Por otra, no quiero, no me interesa detenerme en determinadas cosas, no es mi forma de enfrentar la vida.

¿Cuál es tu forma de enfrentarla?

 Correrla como un maratón: ritmo constante, paciencia, conciencia de las dificultades que están por venir, aceptación cuando aparecen.  Darme el derecho a tambalearme un poco cuando me llega un golpe inesperado. Mantener el dolor absolutamente en privado.

Así que te encuentras ante una disyuntiva: contar o no contar. Hasta que no la resuelvas, no puedes continuar. ¿Es eso?

 Era eso. Creo que el hecho de estar hoy aquí significa que he tomado un camino, aunque aún ni yo misma sepa cuál. Mentira. Sí que lo sé.

¿Me alumbras?

 En la medida en que pueda. Creo que seguiré escribiendo el diario. Creo que seguiré con este proyecto. Sé que no voy a involucrar a nadie. Sé que no me forzaré a escribir. Quizá tenga menos tiempo y menos ganas. Veremos.

Cambiando un poco el tema. ¿Por qué no publicas las novelas que ya tienes escritas?

 Porque soy vaga para corregir en condiciones y mucho más para buscar editoriales que pudieran estar interesadas. Porque soy mala comercial en general y pésima si el producto a vender soy yo misma. También cuenta que sé que, aunque me partiera el lomo intentándolo, sería muy difícil que consiguiera vivir de la escritura y que la profesionalización convierte cualquier pasión en obligación y eso hace que pierda para mí todo el interés. En última instancia, porque no soy ambiciosa ni necesito reconocimiento.

Pero puedes recurrir a la autoedición.  

A ese juego ya jugué. Estoy mayor para venderme en Twitter y tendría que corregir… Además, cada obra corresponde a un momento de mi vida y se han quedado fijado a ellos como se fijan las canciones. No me gustan los viajes al pasado.

¿Navidad sí o no?

 De entrada, diría que no. Luego, nunca resulta ser tan mala como yo imagino. Pero se me olvida y vuelvo a temblar cada vez que se acerca. No pongo árbol ni Belén desde que las niñas no insisten. Aún no he ido a ver las luces y es posible que no las vea. Pero me gusta irme a Cádiz en estas fechas —como en todas, por otra parte— y bañarme en el mar para, en cierto modo, hacer un fresh start —en este momento me odio, acabo de usar una expresión anglosajona, pero … lo del fresh no lo tenemos en español y tratándose de zambullirse en el océano en pleno enero viene al pelo.

¿Haces balance?

 Creo que no, aunque siento la nostalgia en el ambiente, la corriente de emociones indefinidas, la sensación de que se escapa algo que jamás volveré a atrapar. Pero dura poco, en minutos es sustituida por una especie de ilusión, parecida a la que se siente justo antes de empezar una carrera, cualquier carrera, no tiene que ser un maratón. Todos los cajones de salida son iguales: risas, nervios, frío, miedo, alerta, ganas, compañerismo. Curioso, acabo de darme cuenta de que nunca veo rivales, solo compañeros y compañeras.

¿Estás triste?

 La tristeza, como cualquier emoción, viene y va. Pero ahora, no. Acabo de hablar de correr y eso me lleva a momentos felices que me alegran bastante. Mucho, de hecho.

¿Esperas algo para el año que entra?

 No. Creo que eso es un aprendizaje que da la edad. Afrontaremos lo que venga como mejor se pueda y con risas. Hasta en los peores momentos de mi vida ha habido lugar para la risa.

¿Qué te está pareciendo esta entrevista?

 ¿Quieres que te sea sincera? Aburridísima. Creo que eres mejor como escritora que como periodista. Lamento no poder ayudarte. Creía que me lo iba a pasar mejor, la verdad — se ríe a carcajadas.

No me lo voy a tomar a mal, porque a mí también me está pareciendo un rollo. ¿Crees que le interesará a tus lectores y lectoras?

 Espero que sí. Hay que tener en cuenta que tanto tú como yo conocemos las preguntas y las respuestas y quizás ellos y ellas no. Aunque como todos los experimentos… pueden fallar.

¿Pero crees que estas son las cosas que les gustaría saber de ti?

 Pensar que quieran saber algo de mí ya me parece muy osado, ¿no? Esta entrevista es un saco de ego brutal, pero me ha servido para saltar el abismo que me separaba de la escritura y yo con eso ya me conformo. También te digo que tardaré en repetir —vuelven las risas.

¿Tienes notas en la agenda para próximas entradas?

 Tengo cuatro: «Sol titilando», «vista una, vistas todas», «en invierno, la playa es blanca», «verme dormir». Y dos palabras que me gustan: Soliviantar y providencia.

Me llama la atención la de «verte dormir», ¿puedes adelantarme algo?

 Si te lo adelanto, me cargo la idea, pero no me importa, porque es posible que ninguna de ellas sea finalmente utilizada, incluso que me olvide qué quería contar. Es sencillo, me gustaría verme dormir. A pesar de que mi insomnio está bastante controlado desde que limito el uso de pantallas a partir de las nueve de la noche, dormir sigue pareciéndome algo mágico y sobre natural. Casi todos los días duermo seis horas y muchos siete e incluso ocho. Concilio rápido, aunque me cueste creerlo aún, y por eso me gustaría verlo con mis propios ojos. Hoy me dormí en la playa a la hora de la siesta. ¿Sabes lo raro que es eso? Me habría gustado verme caer. Envidio a mi marido, que me ve con frecuencia dormida —se troncha.

Siguiendo con tu diario. Hablas poco de tu trabajo. ¿Alguna razón en especial?

Varias. La primera, es aburrido. Estudié Derecho, mi trabajo es casi siempre administrativo y poco interesante. Quizá si hiciera algo que me apasionara, escribiría sobre ello. Por otro lado, en la mayoría de los casos, el trabajo es algo que solo se hace porque se cobra y hace falta el dinero. Prefiero la faceta personal de la gente. También hay que tener en cuenta que yo trabajo con mi familia. Y esa es otra de las razones por las que no escribo de este tema, no me gusta involucrarlos.

Has vuelto a Instagram…

Eso parece… Espero que no con la intensidad de antes. Reconozco que en los últimos tiempos mi mente está dispersa y me cuesta más estar en el momento presente, lo cual deriva en la búsqueda de distracción constante. Pero hay cosas que ya me dan mucha pereza. No será igual.

¿Sabes que son las nueve menos cuarto de la noche?

 Y eso significa que las pantallas están prohibidas para mí y que tengo que ir abandonándote. Soy la cenicienta de las nueve.

¿Qué vas a hacer cuando te vayas?

 Pues mira, estoy en Cádiz con mi hija mayor. Me la voy a llevar al bar de debajo de casa, me voy a pedir cualquier cosa con un vino y voy a disfrutar de mi niña. Luego, subiremos a casa y nos pondremos el quinto capítulo de la serie que nos estamos viendo las dos estas mini vacaciones que nos hemos tomado. Quiero acostarme pronto y hacer yoga mañana temprano, antes de que emprendamos el camino de vuelta.

Pues te dejo ya con tus cosas. Ha sido un placer.

Qué mentirosa eres…

Risas, risas, risas…

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

DIARIO 23/11/2024

Galletas marbú dorada, pan, chorizo ahumado. Diez de la mañana de un sábado tranquilo. Un deseo arrollador, arrastrado de forma inconsciente durante semanas, me impulsa a levantarme, ponerme cualquier cosa y bajar a la calle para comprar, en el súper de enfrente, galletas. Antes de salir, abro la despensa y compruebo que aún tengo dormitando al fondo un bote de Nescafé comprado en otro arranque de antojo Dios sabe cuándo. Me vale. En un pispás estoy de vuelta en mi cocina, llenando de leche la primera taza que pillo —una de Pokemon—. Por un momento, me planteo usar leche de soja — la que últimamente tomo porque me sienta mejor—, pero descarto la idea porque no concilia con mis recuerdos, que es de lo que va todo esto, aunque yo aún no me haya dado cuenta. Introduzco la taza un minuto en el microondas, le echo dos cucharillas pequeñas del sucedáneo de café y remuevo satisfecha con el color resultante, porque es exactamente el que se corresponde con el sabor que quiero. Me siento a l...

DIARIO 08/10/22

  08/10/2022   Falta gel y plátanos. Los rollos de papel de cocina darán para una semana. El papel higiénico para algo más. No tengo ganas de pensar en qué falta en la nevera. Me duele la cabeza.   Escribo por segundo día consecutivo. Porque es sábado y no tengo nada mejor que hacer. Porque necesito moverme y la alternativa es empezar ya a limpiar los cristales del salón y a repartir por la biblioteca los cuadros que emboscan mi mesilla. Escribo porque estoy nerviosa. Estoy nerviosa porque no sé cómo voy a correr mañana 54 kilómetros. Y porque me estoy viendo una serie que me pone sensiblona y porque tengo la regla.   Las últimas de la fila, Netflix. Resumen: viaje de amigas de la EGB, cuarentonas, a Tarifa. Por poner en situación: el año pasado mis amigas del cole y yo nos fuimos a pasar unos días justo allí. ¡Qué suerte tengo, qué afortunada me siento! No me esperaba continuar con ellas toda la vida (ya sé que va a ser toda la vida). Fue una salida de gui...