Mandarinas, plátanos, martinete, pimientos, tomates, puerros, calabacines, ajo, aguacates, coliflor.
La vida pasa lentamente, sin tiempo. El Gergal y la inseguridad. Chirría. Maratón.Sin lugar a un respiro, cambio el sombrero de profesora de conducir al de practicante de yoga, trabajadora, madre, hija, pareja, amiga, bella durmiente y, a veces, cenicienta. La gorra de corredora se queda guardada por unos días. Esta semana es para descansar y ver pasar la vida lentamente, sin tiempo.Comimos en casa de Nino y Gloria. Seis a la mesa, el número perfecto para conjurar fantasmas y demonios. Me gusta rodearme de gente relacionada con el arte, ya sea desde el punto de vista creador, ejecutor o, sencillamente, observador. No me canso de escuchar el camino que lleva a un artista a expresarse, la necesidad que lo impulsa a hacerlo y la sensación final de alivio, satisfacción y contento una vez que se ha conseguido el resultado. Escucho y comparto mi propia experiencia, mi pulsión por sacar desde lo más hondo de mí eso que pugna contra cualquier intento de ahogarlo. Tengo algo que decir, a mi manera y, aunque a nadie interesara, he de sacarlo y dejarlo en algún sitio. Si puedo, con belleza. Si no, por lo menos, con honestidad.Un amigo presentó su último libro y yo sentí envidia de la escritora que compartió escenario con él. Joven, guapa y con su novela publicada. Recién entrada en la treintena estaba allí arriba, tan segura, tan segura. Y yo, en el puente que me lleva a los cincuenta, sentada en primera fila, escuchándola, con mis cuatro novelas perdidas entre miles de fotos, en mis discos duros.Corrí otro maratón. El quinto. Sin ampollas, sin tanto miedo, sin tantos nervios. Un año de carreras por campos y montañas y muchos cajones de salida ha hecho falta para llegar a los cuarenta y dos kilómetros sin el estrés de la última vez. He vuelto a decir que me retiro. Hablo demasiado. María, Dolores y yo alcanzamos juntas el medio maratón; allí se nos sumó Mayte, que me acompañó el resto del viaje, cuando perdí gas y con él a mis otras compañeras. Ricardo se incorporó en el kilómetro treinta y dos y juntos cruzamos mi quinta meta. Como siempre, la primera mitad se pasó rápido y la segunda se hizo eterna. Conseguí disfrutar, que es mi único objetivo cuando corro, no llevando al límite mi cuerpo, evitando el agotamiento, descansando cuando tenga que hacerlo. Al final, terminé en un tiempo muy parecido al de las dos últimas veces. Para una mejora significativa tendría que aumentar el entreno y no estoy dispuesta a renunciar a nada más solo por llegar un poquito antes.Overthinking: palabra en inglés para la que no hay correspondencia en español. Me dicen mis hijas que ahora se dice «sobre pensar» y yo y la RAE les decimos que esa palabra no existe. Un único idioma es incapaz de expresarlo todo o, al menos, de hacerlo con la máxima precisión y las mínimas palabras. Podríamos traducir overthinking por pensar demasiado, pero ya usaríamos el doble de vocablos.Una buena comparación tiene que cumplir dos condiciones. La primera, que ofrezca una mejor comprensión de la idea que se quiere expresar. La segunda, que no chirríe. Una buena metáfora tiene que cumplir tres premisas, que se entienda, que aporte una emoción y que no chirríe. Un texto limpio, claro, con las palabras justas, la puntuación correcta, sin florituras, es mil veces mejor que uno en el que se haya introducido una metáfora o una comparación que rechine.Cena de celebración con corredoras. Las cuatro y Rocío, que no corre aún, pero celebra y la enganchamos para la próxima aventura del Gergal. Tengo que decidir si correr la carrera corta, catorce kilómetros y doscientos metros de desnivel, o la larga, veintiocho kilómetros y mil metros de desnivel. Mi ego dice que la larga, Buda que la corta. Yo me quedo perdida en la indecisión y me vuelvo a acordar de la escritora tan joven, tan guapa, tan segura.El bollo es un pan auténticamente sevillano. En Cádiz pides un bollo y los panaderos no saben qué quieres. A saber: pan de miga blanca, muy prieta, acabado en dos picos crujientes. La tostada perfecta está hecha de este pan, cortado a lo largo, y haciéndole lo que aquí llamamos «alegrías», líneas oblicuas de poca profundidad realizadas con un cuchillo, de derecha a izquierda y viceversa, formando rombos, por los que se derramará el aceite, la mantequilla derretida, la manteca "colorá" o lo que eches, empapando bien la "tostá". El bollo también se corta a pedazos con los dedos para migar la salsa de un solomillo al whisky, la yema de un huevo o un buen tomate frito casero. Quien no ha comido nunca un bollo no sabe lo que es el pan. Creo que esto ya lo he contado. Cosas de la edad.Día de quimio con mi padre. Sabemos cuándo entramos, pero nunca cuándo saldremos. Le digo en el taxi, viniendo de camino, mientras le acaricio el cuello, «me gusta acompañarte». Contesta, «y a mí que me acompañes». «Pero preferiría que fuéramos a otro sitio», pienso.Compré el libro de aquella chica y comencé a leerlo. Rechina. Quizá la inseguridad no es tan mala compañera. Quizá la edad, tampoco. O puede que esté pensando demasiado. Ya veremos si, finalmente, corro la carrera larga o la corta.
Galletas marbú dorada, pan, chorizo ahumado. Diez de la mañana de un sábado tranquilo. Un deseo arrollador, arrastrado de forma inconsciente durante semanas, me impulsa a levantarme, ponerme cualquier cosa y bajar a la calle para comprar, en el súper de enfrente, galletas. Antes de salir, abro la despensa y compruebo que aún tengo dormitando al fondo un bote de Nescafé comprado en otro arranque de antojo Dios sabe cuándo. Me vale. En un pispás estoy de vuelta en mi cocina, llenando de leche la primera taza que pillo —una de Pokemon—. Por un momento, me planteo usar leche de soja — la que últimamente tomo porque me sienta mejor—, pero descarto la idea porque no concilia con mis recuerdos, que es de lo que va todo esto, aunque yo aún no me haya dado cuenta. Introduzco la taza un minuto en el microondas, le echo dos cucharillas pequeñas del sucedáneo de café y remuevo satisfecha con el color resultante, porque es exactamente el que se corresponde con el sabor que quiero. Me siento a l...
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